Piensa en la última vez que dijiste «este año sí»: aprender un idioma, lanzar ese proyecto, ordenar por fin los procesos del equipo. Las ganas estaban y la idea era buena. Y, sin embargo, se quedó en el camino.
No siempre es falta de talento ni de tiempo. Es que querer algo es solo el principio. En mi libro HazloSencillo (usando accountability como herramienta) lo explico con lo que llamo la Teoría WIN: Want, Intend, Need. Querer, intentar y necesitar.
Una cifra para incomodarnos
En el libro retomo una referencia que suele citarse sobre las personas que desean lograr algo: el 85 % dice que lo quiere hacer, apenas el 25 % lo intenta y solo alrededor del 5 % lo consigue.
Más que la precisión del número, importa lo que revela: entre el deseo y el resultado hay dos filtros que la mayoría no atraviesa. Y quienes sí llegan suelen tener los tres ingredientes a la vez.
Querer (want)
Todo empieza con una idea y la voluntad de hacerla realidad. Querer es tener la intención clara de hacer, conseguir o construir algo. Sin ese primer impulso no hay proyecto que arranque.
Pero querer también obliga a pensar bien la idea. Si se trata de un producto o un servicio, la pregunta no es solo qué quiero ofrecer, sino qué necesita realmente quien lo va a recibir. Al cliente hay que darle lo que necesita, no lo que tú quieres venderle.
Intentar (intend)
Todos podemos querer muchas cosas. La diferencia aparece cuando hay que moverse. Intentar es el punto medio de cualquier proyecto: es acción, movimiento, ejecución. Es hacer lo que se tiene que hacer para llegar al objetivo, siempre de manera correcta y ética, sin pasar por encima de los demás.
Aquí se queda buena parte de las ideas: en planes que nunca se ejecutan, en proyectos que esperan el momento perfecto. Ideas y buenos deseos tenemos todos; lo que escasea es la firme intención de que lo que se quiere, se haga.
Necesitar (need)
El tercer elemento es el más olvidado. Para llegar a la meta no basta con desearla e intentarla: hace falta necesitarla. En el libro le llamo hambre: hambre de lograr, de triunfar, de hacer cosas que te llenen y te hagan sentir bien contigo y con tu entorno.
Si un objetivo no es realmente importante para ti, es muy probable que se quede en el camino en cuanto aparezca la primera dificultad. Lo mismo ocurre en las organizaciones: un proyecto funciona cuando hay hambre en quien lo impulsa y cuando el cliente de verdad lo necesita. Si nadie lo necesita, ¿para qué desearlo?, ¿para qué intentarlo?
Cómo usar la Teoría WIN antes de arrancar
Su mayor utilidad está al principio, cuando todavía estás a tiempo de decidir. Antes de comprometerte con una meta o un proyecto, hazte tres preguntas:
- ¿De verdad lo quiero? ¿O es algo que «debería» querer porque alguien más lo espera de mí?
- ¿Estoy dispuesto a intentarlo en serio? ¿Cuál es la primera acción concreta y cuándo la voy a hacer?
- ¿Lo necesito? ¿Qué cambia si lo logro y qué pasa si no? ¿Quién más lo necesita?
Ejemplo ilustrativo.
Un equipo comercial quiere lanzar un nuevo servicio. Lo quiere: la idea entusiasma a todos. Lo intenta: arma un plan y asigna responsables. Pero al revisar la tercera pregunta descubre que ningún cliente lo ha pedido. Antes de invertir meses, decide hablar con diez clientes. Esa conversación, que nace de preguntarse por la necesidad, puede ahorrarle un proyecto completo o convertirlo en uno mucho mejor.
Querer, intentar, necesitar
La Teoría WIN no es una fórmula mágica ni sustituye el trabajo. Es una manera sencilla de aclarar la mente desde el comienzo de cualquier idea y de anticipar si tiene lo necesario para llegar lejos.
La próxima vez que te propongas un reto, no te quedes en el entusiasmo del primer día. Pregúntate qué tanto lo quieres, qué tan dispuesto estás a intentarlo y, sobre todo, qué tanto lo necesitas.
Estas ideas forman parte de la metodología que trabajo en el taller HazloSencillo y en la conferencia Hazlo sencillo.

