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Imagen: a24.

Política, rendición de cuentas y accountability

por | 22 Feb 2021

Accountability en su más tradicional acepción se traduce y entiende como “rendición de cuentas” y no como “responsabilidad” de acuerdo a lo que dicen muchos autores, coaches y conferencistas. Y desde luego, los blogueros, influencers y todo lo que ahora está de moda, y que con mucha frecuencia señalan.

Hace algunos meses escribí aquí mismo en El Semanario, ahora Voces México, un largo artículo sobre el tema y por ello no volveré a meterme en muchos detalles de la historia de la palabra y lo que implicaba, así como las diferencias entre responsabilidad y accountability y rendición de cuentas; lo que en esta ocasión les comparto es un artículo sobre dos temas que me apasionan: la política y la accountability.

Una de las primordiales responsabilidades de todo gobernante es rendir cuentas, como lo es para un director general rendir cuentas a su Consejo de Administración y a su Asamblea de Accionistas. En esta lógica sabemos que la opacidad de la información que debe ser pública conlleva gobiernos mucho más corruptos.

Entre más esconde un gobierno quiere decir que es más corrupto y eso es innegable. Así que un gobernante, un gobierno que no da información, que, bajo algún estúpido supuesto de la ley, que no la ley, “reserva” la información para dentro de cinco, diez o quince años, cuando ya no se puede actuar contra quienes actuaron de forma ilícita, quienes robaron, quienes hicieron daño a su municipio, estado o al país, habla del tipo de gobierno y gobernante en turno.

O. Tsay.
Imagen: ABC Transparencia.

En México y en muchos lugares del mundo, los ciudadanos tenemos que padecer la incompetencia, colusión, omisión y corrupción de nuestros gobernantes porque no tenemos leyes suficientemente claras y sencillas que digan que TODOS los recursos que se utilicen de los impuestos deben ser transparentados en forma absoluta, úsense para lo que se usen. Esto es la tradicional rendición de cuentas.

A los gobernantes se les olvida con demasiada frecuencia que son servidores públicos, que son nuestros empleados, que nosotros los pusimos y que nosotros los quitamos con nuestro voto o con otros mecanismos. Pero estamos, los ciudadanos, metidos en un círculo vicioso y perverso, porque a quienes elegimos hacen leyes para protegerse de nosotros que somos los que tenemos la decisión de votar por ellos  y somos, a través de nuestros impuestos, quienes les pagamos.

Este cuento de reservarse la información o, peor aún, de no darla, es muy peligroso, porque la opacidad supone, de acuerdo a muchos documentos de la Organización de las Naciones Unidas, de la OCDE, del FMI, del BM, de Trasparencia Internacional, de Mexicanos Contra la Corrupción y la Impunidad, y de muchas otras fuentes, que se ocultan actos ilícitos, sobreprecios, corrupción, y muchas otras irregularidades, como darle contratos a empresas que no tienen la solvencia económica o no son capaces de hacer las obras que se les asignaron, de no haber hecho concursos o licitaciones y haber asignado los contratos a amigos, compromisos, etcétera.

En México recuerdo la opacidad en la construcción del segundo piso del entonces Distrito Federal entre los años 2002-2005, que al final nos enteramos de que tuvo un costo de $4,605,000,000.00 (cuatro mil seiscientos cinco millones de pesos) en sus cuatro tramos, y como es obvio, supone claramente un sobreprecio e indicios de corrupción. Cuando se concluyó la obra se había reservado la información ¡por 10 años!, pero luego reculó el gobierno de López Obrador y la reservó por siete meses, tiempo suficiente para “limpiar” un absoluto desaseo.

¿Qué había que reservarse en la construcción del segundo piso?, ¿qué se quería o qué se ocultó?

Panfilia Iannarone.
Imagen: Fundar.

Y perdón que meta este tema aquí, pero tiene lógica con el tema de los tiempos entre una cosa y otra, ¿se imaginan todo lo que pasa en un gobierno entre que fueron las elecciones y toma posesión el nuevo gobernante? En Estados Unidos ahora fue gravísimo ver que, entre octubre y enero, Trump siguió haciendo más locuras, se negó a dar cierta información fundamental al equipo de transición y quisiera poner la palabra de lo que realmente pienso, pero mi editora de El Semanario, la querida Mariana, me lo va a censurar… jaja. En el caso mexicano pasan cuatro meses, que son incomodísimos para todos. Tenemos magníficos ejemplos en sentido contrario, como es Inglaterra donde pasan apenas días.

¿Se imaginan a un Director General de una empresa, de cualquier organización, que se niegue a dar información a sus accionistas? Además de que lo corren inmediatamente, existen mecanismos súper claros que obligan a las empresas a dar información permanente a sus accionistas, sin importar cuántas acciones tienes. Obviamente hay empresas que lo hacen mejor que otras y por ello son empresas mejor valoradas en las Bolsas, además de que existen instancias gubernamentales que actúan en consecuencia. ¿Por qué entonces sí sucede con los gobernantes y los ciudadanos?

El ocultamiento de información de muchos gobiernos, es decir, de rendir cuentas, al inicio de la pandemia en el número de contagios y muertos fue alarmante, y muchos de esos gobiernos aunado a que tuvieron que decir la verdad y mostrar a sus ciudadanos que fueron profundamente incapaces e irresponsables, muchos de ellos están siendo sujetos inclusive a procesos legales, y otros claramente se han visto afectados a la hora de las elecciones. El caso de Donald Trump es evidente, yo estoy convencido de que una buena parte de su derrota por más de 7 millones de votos, en las pasadas elecciones, tuvo que ver con su pésimo manejo de la pandemia, con su falta de rendición de cuentas y su falta de accountability. Trump es directamente responsable de la muerte de centenares de miles de americanos, que pudieron no morir. La no actividad y desdén de la pandemia por parte de Trump provocó que en su mandado murieron más de 461,000 americanos por COVID-19.

Casos similares serán registrados en la historia y tarde o temprano, los gobiernos y gobernantes en turno, tendrán que pagar por ello, me refiero al caso de Brasil y México en concreto. En el caso mexicano, hoy sabemos gracias al INEGI, que los 180 mil muertos por COVID en realidad son más de 432 mil. ¿Cuándo el gobierno va a ser accountable de aceptar que se ha equivocado en su estrategia y que lo sigue haciendo?, y ¿cuándo va a rendir las cuentas reales de los muertos?

Imagen: CNN.
Imagen: Veritas.

Boris Johnson, quien estaba en el grupo de los gobernantes más irresponsables, corrigió y las cosas en Inglaterra y todo Gran Bretaña cambiaron de forma radical, como también sucedió en Suecia, donde habían “apostado” a la estrategia del contagio del rebaño y que provocó un desproporcionado número de contagiados para el tamaño del país y población, así como una cantidad de muertos muy superior a la de sus vecinos nórdicos. En resumen, un desastre absoluto, por eso cambiaron su estrategia, y obviamente los resultados y cuentas hoy son mucho mejores. En ambos casos los responsables asumieron que son accountables de sus malas decisiones y cambiaron el rumbo para bien, entregando y rindiendo cuentas claras.

Ahora estamos entrando al tema de la rendición de cuentas del primer año del gobierno del presidente López Obrador y los primeros informes que nos ha dado a conocer la Auditoría Superior de la Federación (ASF) son alarmantes, por decir lo menos. Para muestra un botón. El pago de las obras terminadas y trabajos realizados, indemnizaciones, multas, penalizaciones y demás por la cancelación del nuevo aeropuerto en la Ciudad de México en Texcoco, le han costado al erario, es decir, a nosotros los contribuyentes, 332 mil millones de pesos, más de 16 mil millones de dólares, cifra muy superior a lo que hubiese costado terminar el aeropuerto en Texcoco, que nos daría un aeropuerto de clase mundial para recibir a más de 100 millones de pasajeros y no un aeropuerto que sólo, en el mejor escenario, recibirá a 32 millones de pasajeros; y que, por cierto, no sabremos cuánto costará porque la SEDENA, que ahora resulta que es –entre otras cosas– diseñadora y constructora de aeropuertos civiles, se ha “reservado” la información por una decena de años.

Los gobiernos y los gobernantes tienen la obligación de rendir cuentas y de ser accountables de sus actos… Nuestra responsabilidad como ciudadanos es exigírselos y manifestarnos en las elecciones como primer paso, de ahí que sea tan importante votar este 6 de junio.

Por:
OCTAVIO AGUILAR
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