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Con mucha frecuencia escucho ya sea en reuniones sociales, inclusive familiares, y obviamente en recesos al terminar mis conferencias o talleres tanto en México como en varios países de América Latina, que la gente se siente muy poco apreciada y reconocida.

Y, por el otro lado, hay una idea generalizada de que los latinoamericanos somos muy cálidos y generosos y coincido con la apreciación, el asunto es que parece que lo practicamos más con quienes nos visitan que en el día con día.

Todos en algún momento de nuestra experiencia profesional hemos escuchado o nos han dicho cuando hacemos un muy buen trabajo, “para eso se te paga”, debo decir que esta estúpida expresión siempre debió condenarse, pero hoy está como para despedir a quien la diga o inclusive hasta la piense. Aceptar que alguien diga o nos diga “para eso se te paga” es como decirle a Messi o Ronaldo que cada vez que meten un gol no pueden o deben festejar, para eso se les paga ¿o no?

Estoy convencido que la motivación de cada uno de nosotros tiene un buen porcentaje de ser intrínseca, pero también el componente extrínseco tiene un muy buen peso. Por ello, en las organizaciones, como en las casas, tenemos y debemos agradecer y reconocer a quien hace bien su trabajo, todos los días y si aplica, varias veces al día.

Desafortunadamente nos hemos acostumbrado a no ser lo suficientemente agradecidos y no reconocer a nuestros hijos, nietos, parejas, y obviamente menos a nuestros jefes, colegas o personas que nos reportan.

¿Se imaginan si cuando vayan a la escuela nuestros hijos, les decimos aprende mucho (en lugar de “pórtate bien”), nos vemos en la tarde (o noche) y me platicas lo que aprendiste? Y entonces en la tarde le preguntas “¿qué aprendiste?”. Y él (ella) te cuenta y tú lo felicitas, le das “cinco” y lo (la) estimulas a que siga aprendiendo, le cuentas lo que tú sabes sobre el tema o juntos investigan un poco más sobre el tema. Les aseguro que se sorprenderán de los resultados que, en el corto, mediano y largo plazos, tendrá esta pequeña acción. Imaginen este mismo escenario cuando llegue tu hijo(a), te cuenta lo que aprendió y le dices “es lo mínimo que esperamos de ti, tu padre (madre) hace un gran esfuerzo para tenerte en esa escuela…”.

Pienso en “Lupe”, la chica que limpia nuestra oficina todos los días, y la deja razonablemente bien ordenada y limpia. ¿Cuándo le hemos dado la gracias, o reconocido su trabajo? Ah, pero que un día no esté sacudida la oficina, o limpio nuestro escritorio o la pantalla de la computadora, porque llamamos a servicios generales, hacemos un escándalo y…

En las relaciones de pareja pasa exactamente lo mismo, la mayor parte de la gente da muy poco reconocimiento y agradece a su compañera o compañero. Tenemos que cambiar nuestros hábitos, nuestras malas costumbres en esta materia. Ser más agradecidos es de gente de bien, de gente buena, y estoy convencido que la mayor parte de los seres humanos somos gente buena pero nos falta practicar. No basta con la pregunta “típica” de “¿cómo te fue hoy?”, y dar la misma respuesta, casi automática. Hay que ponerlo en práctica, les aseguro que tendrán una mucho mejor relación de pareja. Empezando con un amoroso “muy buenos días” hasta “qué rico hicimos el amor, gracias”.

En lo profesional, frecuentemente escucho ejemplos que dan los participantes en los talleres cuando refieren que sus jefes o sus compañías no les agradecen su desempeño laboral cotidiano, y tampoco son reconocidos si hacen algo destacado en su trabajo. En las organizaciones estamos obligados a cambiar esta mala práctica y entrar en otra dinámica.

Se me ocurren cien ideas de pequeñas cosas que podríamos hacer o decir y que cambiarán el clima de trabajo y, en consecuencia, la cultura organizacional:

  1. Agradecer públicamente a quien hizo algo especial en el día: una venta, cierre de un contrato, terminar en tiempo y costo un proyecto, empezar y terminar en tiempo una junta;
  2. Felicitar personalmente en el cumpleaños a un colega, y/o a alguien que cumplió su aniversario en la compañía;
  3. Bajar a la planta y saludar a los trabajadores que todos los días pasan inadvertidos;
  4. Acompañar a un agente de ventas en su ruta y luego socializar la experiencia;
  5. Sorprender a la gente con un promocional de la compañía, sólo porque sí;
  6. Hacer una tarde al mes o la semana, de helado, de palomitas, de chocolate; etcétera.

Bueno, les pido que dejen volar su imaginación y empiecen a implementar mecanismos formales e informales para agradecer y reconocer a su gente.

Hacer rituales de logros en lo personal y en lo profesional nos ayudará a sentir mayor motivación, sumando todas las ganas de lograr más. Esto nos impulsa a cambiar nuestra cultura y entonces transformar la cultura de la organización y, de esta manera, provocar para que suceda en la cultura de una sociedad y hasta de un país.

¿Qué mensajes lee la gente cuando llega a trabajar a nuestros centros de trabajo? ¿Invitamos a la gente a dar más, a ser mejores? Los letreros o anuncios que yo veo son de horror: cuántos días llevamos sin accidentes de trabajo y toda una letanía de qué debemos hacer en materia de seguridad industrial (y no la minimizo, ni mucho menos, pero hay que darle su justa dimensión), también veo la visión, la misión, los valores y temas de la filosofía corporativa y pienso lo mismo. Claro, es muy importante que la gente sepa y se acuerde de ello, pero ¿es lo más importante que le puedo transmitir en ese momento de la verdad del día? Imagínense si el letrero del día dijera: “Ayer exportamos a siete países”, “hoy produciremos para vender nuestros productos en 100 empresas”, “de acuerdo con XXXXX somos la empresa con mejor calidad”, “tal o cual medio dice esto muy bueno sobre nuestra empresa”.

Los latinoamericanos, y nosotros los mexicanos, tenemos un gran potencial y hacemos muchas cosas increíbles todos los días, por eso los invito a que compartamos nuestros éxitos, nuestros logros por todos los medios posibles, y nos sintamos orgullosos de ello… Estoy convencido que la humildad esta sobrevalorada y sólo promueve la mediocridad.

Presumamos lo que somos, motivemos a nuestros hijos en decirles lo bueno, lo bello que son, a nuestros seres queridos lo que los queremos, a la gente que trabaja con nosotros hay que agradecerle y reconocerla mañana, tarde y noche, y gritar a los cuatro vientos que nuestro país, a pesar de todo, es maravilloso.

Fuente: El Semanario