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Nunca dejará de sorprenderme lo defensivos que somos los seres humanos ante los cambios, por más pequeños que estos sean.

Éstas dos últimas semanas he tenido la oportunidad facilitar distintos talleres e impartí un par de conferencias que, en las sesiones de preguntas y respuestas o como producto de las participaciones de los asistentes a las mismas, veo con mucha preocupación cómo en México estamos muy atorados con “lo que nos enseñaron en la Universidad”, “esto lo dijo” (un santón del IPADE, un reconocido dirigente empresarial mexicano, o del extranjero hace 20 años), o afirmaciones más temerarias como “yo creo que es así”, “así siempre nos ha funcionado”, entre muchas otras expresiones o afirmaciones.

Estamos en un mundo que se está moviendo a una velocidad impresionante nunca antes vista y, quizás, según algunos teóricos, sea en la que más velocidad habrá en los cambios. Se piensa que en algunos años vengan épocas de más tranquilidad en muchos ámbitos, porque lo vertiginoso de los cambios no necesariamente son tan buenos para los seres humanos, las organizaciones, las empresas, las universidades, los gobiernos, y los países.

Fotografía: Dark.Cyanide.
Fotografía: Dark.Cyanide.

Pero el hecho es que nosotros, afortunadamente desde mi punto de vista, estamos viviendo este mundo y hay que subirse a la ola, de lo contrario, vamos a desaparecer o sólo ser parte de una muy pequeña fracción de la historia o el mercado. Primera telaraña: “todo tiempo pasado fue mejor”.

En la metodología de “hazlo-sencillo” siempre decimos que la planeación, si bien muy importante, debe significar ‒para cualquier individuo, empresa, organización, país‒ menos del 10% del tiempo que deben invertir en el año. Y mi experiencia personal, trabajando en mí mismo, con muchas organizaciones en una docena de países como consultor, es que la planeación no debe llevar más del 2% del tiempo invertido y que el 1% es más que suficiente en un entorno con tantos cambios. “Invertir más tiempo y esfuerzo es tirar el dinero y, peor aún, el tiempo”. Y aquí está la segunda telaraña que debemos quitarnos de la cabeza. En el siglo XX, para no ponerle una década, la planeación significaba una inversión inmensa de tiempo y recursos y no voy a cuestionar ahora si dio los frutos o no. Así era y se acabó, en el siglo XXI, en el 2019, la planeación es sólo una menor parte de todo nuestro quehacer.

Una tercera telaraña que nos urge sacudirnos de la cabeza es la idea de que “si funcionó hace muchos o pocos años, y nos llevó a nivel individual, profesional o a nuestra organización a donde hoy estamos, lo seguirá haciendo”. Esto prácticamente en todos los casos es una falacia. Cambiamos o nos renovamos en función de nuestros “clientes”, o nos vamos a hacer chiquitos hasta desaparecer. ¿Casos? Miles, basta ver la lista de las 500 de Forbes de hace 20 años y la de hoy.

Con una frecuencia que me desconcierta, siempre me salen los abusados en los cursos que te dicen “además de ser BBB, soy maestro en tal o cual universidad o institución o estudie CCC, y, por lo tanto, se sienten con la autoridad para opinar con mucha competencia. Y yo me digo para mis adentros, “pobres estudiantes de este señor o señora, que se quedó atrapado(a) en sus ideas, en sus conocimientos antiguos o paradigmas de hace muchos o pocos años, y no tiene la apertura para escuchar lo que esta pasando HOY en el mundo”. Bueno, hasta en filosofía hay muchos filósofos actuales (Byung-Chul Han o Rob Riemen, entre otros) que aplican mucho mejor lo que estamos viviendo, en vez de tener que recurrir a los clásicos griegos o romanos. “Lo que aprendimos ‒en su momento‒ en los centros educativos o en nuestros trabajos hace algunos años, quizás ya no tengan ninguna utilidad”: cuarta telaraña que hay que quitarnos de la cabeza.

imagen: HBO
imagen: HBO

Una quinta telaraña tiene que ver con “creer sin consultar, sin verificar en lo que dicen las redes o dijo tal o cual periodista, político, o quién sea”. Hoy, como nunca, tenemos que verificar y confrontar nuestras fuentes de información. Recientemente tuve la oportunidad de ver la película “Brexit” y también de atender una presentación en TED sobre el tema que,  en ambos casos se demuestra, con muchas pruebas, cómo políticos y grupos de interés mintieron sistemáticamente para hacer creer a los británicos que salir de la Unión Europea era lo correcto.

Todo mundo (menos algunos americanos con bajo nivel de inteligencia) sabe perfectamente que los rusos influyeron de forma definitiva en el triunfo de Donald Trumpy la derrota de Hillary Clinton en las pasadas elecciones de Estados Unidos.

México no está ajeno al tema, hay todos los elementos para asegurar que el equipo de campaña del hoy presidente López Obrador usó todo el poder de las redes sociales, por las buenas y por las malas, para atacar al expresidente Peña y su gobierno, para decir mentiras y falsas aseveraciones de sus otros contrincantes y para sostener falsas verdades sobre el Mesías de Macuspana. Sumado al hecho de que el gobierno del entonces presidente Peña contrató (o pagó) los servicios de unos 30 periodistas y columnistas (“calumnistas” diría yo) en su sexenio, por más de mil millones de pesos.

¿Cuántas veces han recibido cadenas de WhatsApp de España u otros países sobre tipos de robos, malos manejos de políticos, etc., que nada tienen que ver con nuestra realidad, pero que alguien, con buena o mala intención, los hace “locales”?

Tenemos pues que ser mucho más cuidadosos en lo que leemos y lo que repetimos. “El que cobra más caro, el que tiene más experiencia o más años en el mercado: es el mejor”. Y muchas más afirmaciones de este tipo también son telarañas que tenemos que quitarnos.

Imagen: MASSNEGOCIOS.
Imagen: MASSNEGOCIOS.

Además de las telarañas mentales, creo que también los seres humanos tenemos telarañas físicas, las cuales también tenemos que combatir y contrarrestar. ¿Qué quiero decir? Nos han hecho creer que, por temas de edad, de estatura, de complexión, nuestro cuerpo tiene muchas limitaciones y estoy convencido que las podemos vencer, casi todas, contra estos dimes y diretes, de “expertos”. Que si podemos comer esto o lo otro, que si podemos o no correr un maratón a cierta edad o un triatlón, que si podemos tener sexo placentero (varias veces a la semana) a los 60, que si podemos “lo que quieran”. No hagamos caso a esas limitaciones o telarañas y vamos a darle con nuestra mayor pasión y energía. Se van a sorprender de cuántas cosas SÍ pueden hacer, sin consecuencias y sí con muchas satisfacciones.

Seguro hay muchas más “telarañas” que les vienen a ustedes a la cabeza y que no nos dejan actuar de la mejor manera posible, por eso les pido que se las sacudan, no lo duden. Tendrán muchas más oportunidades de éxito, de ser felices, de ser más productivos. Cada vez que se publica éste y todos los artículos de El Semanario, se abren espacios para comentar, discutir y polemizar… son muy bienvenidos.

Fuente: El Semanario